Condenan a la red albanesa que colaba coca por Marín para surtir a un laboratorio de Valencia

La trama contaba con empresarios en Galicia y en Castilla y León para hacer llegar los contenedores, que transportaban harina de palmiste, hasta la comunidad valenciana
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La Audiencia Nacional ha condenado a seis personas por un delito agravado de tráfico de drogas tras el hallazgo de varios contenedores contaminados con cocaína que entraban en España por el puerto de Marín entre 2018 y 2019.

La trama contaba con empresarios en Galicia y en Castilla y León para hacer llegar los contenedores, que transportaban harina de palmiste, desde el puerto de Marín hasta Valencia. Allí aguardaban los químicos de la organización para extraer la droga y generar los paquetes de clorhidrato. Las penas dictadas por la Audiencia Nacional superan, en suma, los 50 años de cárcel en total. En cuanto a la cantidad incautada, se lograron discriminar más de 800 kilos entre la harina, si bien habrían realizado envíos muy superiores, siempre empleando la ruta regular del gigante naviero Maersk, que nada tendría que ver con el negocio.

El ocultamiento / Policía

Los responsables de la misma eran colombianos y albaneses que usaban el puerto pontevedrés como vía de entrada y que fueron descubiertos por la Sección de Cocaína de la Udyco Central del Cuerpo Nacional de Policía. El entramado consiguió establecer un canal seguro para ellos al ocultar la sustancia entre un producto de difícil rastreo por parte de las autoridades aduaneras.

Para la introducción de la mercancía en España, los investigados disponían de todo lo preciso. Por una parte, un empresario gallego, uno de los condenados, con capacidad para moverse por la instalación portuaria del Noroeste de España. Por otra, otro empresario del interior de España que disponía de naves para el ‘enfriamiento’ de la misma. Por último, contaban con las empresas de transporte precisas para hacer llegar la droga a su destino, un laboratorio en la Comunidad Valenciana.

El laboratorio / Policía

Una vez en el Levante español llegaba el turno de los ‘cocineros’ de la droga, colombianos, que se desplazaban hasta el laboratorio para la fase final de extracción de la sustancia y posterior conversión en paquetes para su venta a clientes de distintos puntos de Europa.

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