Carlos Silla, el último gran lanchero gallego, se estrena ante la Justicia en España

El fiscal pide 18 años de cárcel para el patrón del velero, ya condenado en Portugal por el mayor alijo de la historia por ese medio de transporte / Le acusa de introducir cuatro toneladas en lanchas rápidas y hundir la embarcación / Una operación submarina sirvió para localizar el pecio e incriminarle
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Un velero hundido ante las costas de A Guarda. Planeadoras cabalgando por la ría de Arousa (Pontevedra, España) como no se veían desde hacía mucho tiempo. Cuatro toneladas de cocaína intervenidas. Ocho detenidos, entre los que no se encontraba el presunto jefe de la organización de lancheros, el vilagarciano Carlos Silla. Caería tiempo después, encima del mayor alijo de todos los tiempos (en todo el mundo) en un velero, las 5,2 toneladas de cocaína por las que cumple 14 años de prisión en Portugal. Todos estos ingredientes y algunos más aún por conocer (se piensa que el cargamento llevaba el sello de la temible Mocro Maffia), se unen a partir de este lunes en la Audiencia Provincial de Pontevedra, que acoge un juicio que supondrá el bautismo en los tribunales españoles del citado Silla, considerado por la Policía uno de los narcotraficantes más activos en España hasta su detención.

Pero Carlos Silla no es más que un eslabón en la cadena de la red de tráfico de cocaína más activa que operó en las Rías Baixas hasta 2021. El vilagarciano estaba convencido de que su caída en altamar, fruto de una operación liderada en España por el Greco Galicia de la Brigada Central de Estupefacientes, se produjo por un error ajeno a su pericia. Siempre empleó la última tecnología para comunicarse, y el desencriptado de las mismas por parte de las autoridades fue su perdición.

El fiscal Antidroga acusa al narco (para el que pide una pena de 18 años de cárcel) de formar parte de un presunto grupo delictivo que intentó introducir la cocaína en dos embarcaciones neumáticas, a la antigua usanza, todo ello después de hundir el velero en el que la droga había cruzado el Atlántico, de nombre Benirrás, cerca de las costas de A Guarda, hallado tras una operación submarina, la primera de las de su clase, de la que dio cuenta en primicia este diario en su día.

La investigación que desemboca en el actual juicio concluyó en marzo de 2020, en pleno confinamiento, y tuvo su germen en una labor conjunta entre la Udyco de la Policía Nacional y el Edoa de la Guardia Civil, ambos de Pontevedra, que seguían los pasos de una red dedicada a la fabricación de narcolanchas. El fiscal Antidroga, Pablo Varela, reconoce en su escrito de acusación que “no ha sido posible identificar a todos los sujetos implicados en esta compleja actividad criminal”, pero asegura que fue descubierto “un esquema piramidal y especializado, de modo que las aportaciones individuales de los integrados en la actividad estructurada respondían a una función para el logro de un objetivo común”.

Pecio del Benirrás hundido / Instituto Oceanográfico Nacional

Sobre la participación de cada uno de los investigados, el fiscal señala a Carlos Silla como quien “ha dirigido, sufragado y coordinado las labores guiadas a la disposición de las embarcaciones precisas para el desarrollo de la actividad criminal investigada, desde luego del velero Benirrás y de su embarcación auxiliar, preparadas desde el mes de enero de 2020 para la introducción de un cargamento de cocaína en nuestro territorio”. En la persecución a las lanchas también tuvo un papel relevante Vigilancia Aduanera.

El narcovelero fantasma permaneció en el puerto de Portonovo entre diciembre de 2019 y febrero de 2020. En ese tiempo, Vigilancia Aduanera lo registró de forma minuciosa, pero no halló nada punible. El fiscal explica que durante esas semanas, otro de los acusados preparó el Benirrás para su trabajo ilícito en altamar. El 27 de marzo de 2020, las lanchas se hicieron a la mar en busca de la droga, que recibieron frente a las costas de A Guarda. Allí comenzó la fase final de la operación, que acabaría frustrada en su mayor parte por las autoridades.

Popa del Benirrás antes de hundirse / Narcodiario

Cierto es que huyeron los tripulantes de dos de las tres lanchas utilizadas (las que salieron de la ría y la auxiliar del Benirrás, que tocó tierra en el puerto guardés). Sin embargo, los narcos perdieron toda la droga, que fue recuperada en aguas de la ría, en la playa y sobre una de las embarcaciones, según los casos, y se encontraron con una amplia labor investigadora que les implica en lo sucedido, ya no solo a los que fueron capturados in fraganti, sino a otros.

Parte del alijo incautado / Narcodiario

Entre los efectos incautados en los posteriores registros, además de una ingente cantidad de documentación, se halló una factura a nombre de astilleros Facho, santo y seña de Sito Miñanco.

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